
Acorralado por las deudas, la precarización laboral y la burla de una empresa que se negaba a pagarle por su trabajo, un vigilador tercerizado de 36 años tomó una decisión límite que expone la cara más cruda de la crisis. El hombre se atrincheró en la garita de seguridad de la firma para la que trabajaba, en la zona oeste de Rosario, y amenazó con prenderse fuego si no le depositaban su sueldo. Lo que siguió fue una escena de terror, potenciada por un accionar policial que careció de todo protocolo y sentido común.
El dramático episodio ocurrió el viernes al mediodía en un predio ubicado en la avenida Provincias Unidas al 3200. El trabajador, con un bidón de combustible y un encendedor en mano, exigía a los gritos lo que le correspondía por derecho. Un video viralizado en redes sociales lo muestra en plena crisis nerviosa, hablando por teléfono con los responsables de la empresa: «No quiero 500.000 pesos. Quiero toda mi plata, no me la vas a pagar más», se lo escucha reclamar con la voz quebrada por la desesperación de quien ya no tiene cómo llevar un plato de comida a su casa.
¿Intento de suicidio o negligencia policial? Ante la activación de la alarma, efectivos policiales, bomberos y una ambulancia llegaron al lugar. Sin embargo, el operativo de contención terminó en un desastre que pudo ser fatal. Mientras un grupo de agentes intentaba ingresar a la garita, otro efectivo se acercó por una ventana trasera y, lejos de desescalar la situación con un hombre empapado en líquido inflamable, le disparó dos veces con una pistola eléctrica (tipo Taser) para reducirlo.
Inmediatamente, los gritos de dolor del trabajador invadieron la escena y el fuego se desató. La gran duda que ahora deberá responder la Justicia —y que la Policía intenta esquivar— es si el hombre accionó su encendedor o si fueron las chispas del arma eléctrica las que provocaron la combustión letal al hacer contacto con los gases del combustible.
Envuelto en llamas de pies a cabeza, el hombre cayó por las escaleras de la garita ante los gritos desesperados de los testigos. Recién en el piso, un policía logró apagar el fuego con un extintor de polvo químico. El trabajador fue trasladado de urgencia al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca) en estado crítico, con quemaduras de extrema gravedad en todo su cuerpo. Tres policías también resultaron con heridas leves.
Hoy, un laburante pelea por su vida en una cama de hospital por el simple hecho de exigir que le paguen su salario, mientras el Estado, en lugar de protegerlo de los abusos empresariales, le responde con descargas eléctricas y fuego.