
El 2025 cerró con un dato que el gobierno celebra: la inflación anual fue del 31,5%, la más baja en ocho años. Sin embargo, esa cifra choca de frente con la realidad cuando los argentinos van a la carnicería. Allí, la «desaceleración» no llegó: el precio de la carne vacuna voló por los aires, registrando subas de entre el 51% y el 73%, más del doble del promedio general de precios.
Según datos oficiales del INDEC y análisis de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), la carne fue el motor que empujó la inflación de alimentos hacia arriba, especialmente en el último tramo del año.
Los cortes que más dolieron Hacer un asado o unas milanesas se volvió una misión imposible para muchos salarios. Los cortes populares lideraron los aumentos anuales, superando ampliamente el 31,5% de inflación general:
- Cuadril: +72,6%
- Paleta: +71,2%
- Nalga: +69,7%
- Asado: +69,4%
- Carne picada: +59,9%
¿Por qué sube si hay menos inflación? La respuesta está en la ley de oferta y demanda, y en el mercado internacional. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, el aumento del precio de la hacienda en pie (el animal vivo) presionó los valores en el mostrador. Hay menos oferta disponible y eso encarece el producto.
Pero hay un factor clave: el efecto China. Argentina batió récords históricos de exportación y el gigante asiático se lleva aproximadamente la mitad de esa carne. La ecuación es simple: la alta demanda internacional y los precios en dólares compiten con el mercado interno, y cuando la oferta escasea, el precio local se dispara, desacoplándose del resto de la economía.
Mientras la inflación baja por el ascensor, el precio de la carne sube por la escalera mecánica, dejando el asado del domingo cada vez más lejos de la mesa familiar.