El Gobierno de Santa Fe sostiene que «no fue por un conflicto escolar», pero se filtró un video del agresor sufriendo bullying

Cuando la inoperancia del sistema educativo termina en una masacre, la primera reacción del Estado suele ser protegerse a sí mismo. Tras el espeluznante asesinato de un nene de 13 años a manos de un compañero de 15 en la Escuela Normal N°40 «Mariano Moreno» de San Cristóbal, el Ministerio de Educación de Santa Fe intentó instalar rápidamente una versión oficial: «no fue un conflicto escolar» y el agresor «no registra antecedentes en el sistema». Sin embargo, un video filtrado en las últimas horas hizo trizas ese relato y dejó al descubierto la peor de las verdades: el hostigamiento existía y las autoridades miraron para otro lado.

El registro audiovisual, que ya está en manos de la Justicia, dura apenas unos segundos pero es letal para la defensa de la institución. En las imágenes se ve claramente al tirador de 15 años dentro del aula, con la cabeza apoyada sobre el pupitre en actitud de retraimiento, mientras otro compañero le patea la silla violentamente para molestarlo. Esa leve reacción grabada es la prueba irrefutable del bullying sistemático que el sistema educativo hoy pretende negar para desligarse de su responsabilidad por no haber actuado a tiempo.

«No hay antecedentes» y la impunidad de la edad En una conferencia de prensa que sonó más a un intento de control de daños que a una búsqueda de la verdad, el ministro de Educación, José Goity, aseguró que «no existen antecedentes de casos así» y que el chico no tenía historial conflictivo en los papeles. Claro, si los directivos y docentes no registran las agresiones diarias, en los papeles todo parece perfecto.

A la bronca por la desidia institucional se le suma la impotencia judicial. El ministro de Justicia y Seguridad, Pablo Cococcioni, confirmó el dato que más indigna a la sociedad: el asesino tiene 15 años. Al no estar vigente una nueva ley penal juvenil, el autor de los disparos fatales es considerado no punible. Mató a un compañero, llevó una escopeta oculta en su mochila, desató una balacera en pleno izamiento de la bandera, pero para la ley argentina, es intocable.

El saldo de la masacre y el héroe anónimo Mientras los funcionarios buscan excusas, el saldo del ataque sigue marcando el pulso de la tragedia. Seis estudiantes tuvieron que ser atendidos en el hospital local de San Cristóbal con heridas leves. Otros dos requirieron traslados de urgencia: un chico de 13 años que ingresó en estado crítico al Hospital de Rafaela (que afortunadamente evolucionó, se encuentra lúcido y será derivado al Hospital Alassia de Santa Fe) y otro adolescente de 15 años trasladado por lesiones superficiales.

La masacre no fue peor gracias a un único factor: el coraje de un asistente escolar que no esperó protocolos del Ministerio. En medio del pánico y los estruendos, se abalanzó sobre el agresor armado, logró desarmarlo y lo retuvo hasta que llegó la Policía. Hoy, mientras el Estado niega el bullying para salvar su ropa, la comunidad de San Cristóbal llora a un inocente que pagó con su vida la ceguera de un sistema roto.