
Si quedaba alguna duda de dónde venía la educación de Agostina Páez, su padre acaba de despejarla con un bochorno nacional. A menos de 24 horas de que la joven regresara a Santiago del Estero —tras su escandalosa detención en Brasil por injuria racial—, el empresario Mariano Páez decidió salir a festejar. ¿Y cómo lo hizo? Burlándose de todos, imitando los mismos gestos de mono que llevaron a su hija a la cárcel. La impunidad de los que creen que con plata se compra hasta la moral.
La repudiable secuencia ocurrió de madrugada en un conocido bar bailable del centro santiagueño. El sitio «Info del Estero» filtró los videos donde se lo ve a Páez a los gritos, haciendo mímica de simio en medio del boliche. Para sumarle cinismo a la escena, el empresario estaba acompañado por su actual pareja, la misma mujer que apenas meses atrás lo había denunciado en la Justicia por violencia de género. Parece que, para esta gente, los antecedentes penales y las denuncias son motivos de festejo.
«Soy millonario, usurero y narco» Pero el show de la prepotencia no terminó en los gestos racistas. En otro de los videos filtrados, rodeado de su séquito, Páez saca pecho por haber puesto los dólares para rescatar a su hija y lanza una catarata de confesiones que, en un país normal, lo tendrían declarando ante un juez.
Aseguró que los US$18.000 salieron de su bolsillo, que no recibió un peso del Estado y que, de hecho, la política le da «asco». Y remató con una frase que expone cómo operan los verdaderos intocables: «Yo no vivo de la política. Soy empresario, millonario y usurero. Y narco… narco, privado». Se ríen en la cara del laburante. Mientras a cualquier ciudadano de a pie lo persiguen por deber un impuesto, estos «empresarios» se pasean por los boliches confesando delitos, haciendo apología del racismo y demostrando que, para ellos, las leyes son solo sugerencias para los pobres.