
El fuego avanza sin piedad sobre Neuquén, Río Negro y Chubut, consumiendo bosques milenarios en el Parque Nacional Los Alerces. Pero mientras las llamas devoran la biodiversidad, otra realidad quema tanto como el fuego: la falta de recursos y el desguace de las políticas de prevención por parte del Gobierno Nacional.
La denuncia es clara. Pablo Todero, diputado nacional, advirtió que la Ley de Manejo del Fuego está desfinanciada. Esta normativa no solo proveía fondos para aviones y brigadistas, sino que era clave para evitar la especulación inmobiliaria, prohibiendo el cambio de uso de suelo en tierras incendiadas. Hoy, esa protección está en jaque.
«No les importa» «La gran parte de estos incendios se dan sobre territorios nacionales y eso es algo que a este gobierno no le importa», sentenció Todero, despegando a las provincias de la responsabilidad y apuntando directo a la Casa Rosada. La lógica es simple y cruel: los incendios son una crónica anunciada, pero sin presupuesto para prevención en invierno, el verano se convierte en un infierno inevitable.
Una bomba de tiempo Desde el terreno, la angustia es total. Omayra Rocha Aravena, brigadista vecinal de Trevelin, describe la situación como «tristísimo». A la falta de gestión se suma la crisis climática que las autoridades nacionales se niegan a reconocer. La sequía extrema y la acumulación de material combustible han convertido a los bosques en una «bomba de tiempo».
«Vemos cómo año a año nuestros bosques se van», lamenta Omayra. La Patagonia arde, y la sensación general es que a la Nación le da lo mismo si se convierte en cenizas.