
Cuando el Estado se retira y la policía no llega, la calle impone sus propias reglas, y casi siempre son brutales. Una nueva escena de furia vecinal y justicia por mano propia volvió a encender el debate sobre la inseguridad, luego de que un grupo de vecinos atrapara a un delincuente que intentaba robar y le propinara una salvaje golpiza en el asfalto.
La violenta secuencia, que fue registrada por los teléfonos de los testigos y rápidamente se viralizó, expone el nivel de tensión extrema que se vive en los barrios. En las imágenes se ve al ladrón tirado en el piso, rodeado por varias personas que, cansadas de los robos constantes, decidieron no esperar a las autoridades y descargar su bronca a los golpes.
«No me peguen más»: el ruego en medio del caos El video documenta un momento de máxima tensión. Entre patadas e insultos, se escucha al delincuente suplicar por piedad mientras intenta cubrirse la cabeza. «No me peguen más», ruega desde el suelo, pero la turba, enardecida por la impunidad con la que operan los ladrones a diario, no frena su accionar.
Este tipo de episodios dejó de ser una excepción para convertirse en un escenario cada vez más frecuente. El linchamiento público no es justicia, es el síntoma más claro de una sociedad que está al límite, que siente que vive en zonas liberadas y que, ante la falta de respuestas de la Justicia y la policía, decide cruzar una línea muy peligrosa: la de defenderse con sus propias manos.