
Viven arriba de un avión. Mientras Mendoza atravesaba una Vendimia caótica, pasada por agua y con serios problemas de infraestructura, el gobernador Alfredo Cornejo y el presidente Javier Milei priorizan armar las valijas. La nueva gira internacional del mandatario nacional, que incluye escalas en Estados Unidos y Chile, tiene como bandera la supuesta búsqueda de capitales para reactivar el país. Sin embargo, detrás de las fotos protocolares con banqueros y referentes de la ultraderecha, se esconde una contradicción insalvable: las mineras exigen obras, y la respuesta del Estado es el abandono total.
La agenda presidencial de esta semana es intensa. Este lunes 9, Milei diserta en la Yeshiva University en Nueva York y asiste a una gala benéfica. El martes se reunirá con Jaime Dimon, CEO del JP Morgan, e inaugurará la «Argentina Week 2026» en Wall Street. Ese mismo día volará a Santiago de Chile para asistir a la asunción de José Antonio Kast. Todo un despliegue diplomático para «vender» el país a los inversores extractivistas.
La cruda realidad: sin rutas no hay minería El gran problema de este relato exportador es que choca de frente con la realidad logística. Las empresas mineras internacionales ya le han dejado claro al Gobierno que para enterrar millones de dólares en la Cordillera de los Andes necesitan infraestructura básica: caminos en condiciones, trenes de carga y tendidos energéticos capaces de sostener la operación.
La respuesta de la Nación fue el ya clásico «plata para eso no hay», sepultando cualquier posibilidad de obra pública. En el medio queda Alfredo Cornejo, quien falta a la cita máxima de los mendocinos en la Vendimia para ir a prometerle a los inversores un paraíso de facilidades que su propia gestión y la de sus aliados nacionales no pueden sostener.
¿Cómo planea Mendoza garantizar el desarrollo de la megaminería si las rutas provinciales y nacionales están detonadas y no hay presupuesto para arreglarlas? El «modelo» parece reducirse a entregar los recursos naturales a cambio de promesas vacías, mientras los funcionarios acumulan millas en el exterior y las inversiones reales, que requieren un Estado presente que garantice la logística, siguen sin aparecer.