Ley de Glaciares: Javier Milei celebró la aprobación y agradeció el apoyo de Alfredo Cornejo

Mientras el Gobierno Nacional celebra la reforma de la Ley de Glaciares como un triunfo histórico para el sector minero, las calles de Mendoza pagaron el precio del acuerdo político con represión. La Cámara de Diputados aprobó la polémica modificación con 137 votos a favor, pero el verdadero costo se vio en la vía pública: quienes salieron a defender el agua fueron brutalmente reprimidos, en un claro mensaje de que no se tolerarán obstáculos para el avance extractivista.

El contraste no podría ser más crudo. Horas después de que las fuerzas de seguridad avanzaran violentamente contra los manifestantes mendocinos, el presidente Javier Milei emitió un comunicado oficial a puro festejo. En el texto, le agradeció con nombre y apellido al gobernador Alfredo Cornejo por su rol clave para empujar la ley. Cornejo, pionero en armar guías para facilitar el ingreso de mineras en zonas periglaciares, consolidó así su alianza con la Casa Rosada, dejando claro que las prioridades económicas están muy por encima de los reclamos ambientales de su propia provincia.

El «progreso» a medida de las mineras El relato oficial del Gobierno justifica la reforma bajo la bandera de la «seguridad jurídica» y la necesidad de darle poder a las provincias. Según Milei, la ley original tenía «interpretaciones absurdas» que frenaban el desarrollo. Con esta nueva redacción, se liberan terrenos que antes estaban protegidos, permitiendo que las provincias den luz verde a la explotación minera bajo el paraguas de nuevas evaluaciones técnicas.

Pero el comunicado presidencial también dejó un fuerte mensaje político y de confrontación. Festejó el fracaso de lo que tildó como «interferencia de organizaciones extranjeras» y apuntó sin filtro contra los «ecologistas empecinados en impedir el progreso». Mientras el Ejecutivo agradece a gobernadores aliados (como Orrego, Jalil, Sadir, Sáenz y el propio Cornejo) y a sus secretarios de Minería por destrabar el negocio, en Mendoza la postal es otra: vecinos, ambientalistas y ciudadanos comunes golpeados por defender el recurso más básico para la vida. Un modelo de «desarrollo» que, al menos hoy, entró a la fuerza.