Maipú: intentó separar una pelea a la salida de un boliche y terminó noqueado

Salir a divertirse en Mendoza se ha convertido en una ruleta rusa. La violencia desmedida y la total ausencia de controles preventivos sumaron un nuevo capítulo escalofriante durante la madrugada del sábado, cuando un joven de 19 años fue salvajemente agredido a la salida del conocido boliche Wabi, ubicado en el Acceso Sur. El hecho, que quedó registrado en un video que indigna a toda la provincia, dejó a la víctima internada, a la espera de una cirugía y con una certeza brutal: si te pasa algo en la calle, nadie te va a ayudar.

Agustín había ido a bailar con su novia y sus amigos. Según las imágenes y los testimonios, a la salida del local intentó intervenir para separar una riña que se había originado luego de que el grupo del agresor atacara a una de sus amigas. En ese instante, recibió una trompada a traición, directa al rostro, que lo noqueó y lo dejó tendido en el asfalto. El golpe fue tan letal que le provocó graves lesiones en el maxilar y una fuerte contusión en un ojo, por lo que deberá ser operado en las próximas horas en el hospital Santa Isabel de Hungría.

La desidia oficial: ni ambulancia ni seguridad Pero la violencia del golpe es solo la mitad de la tragedia; la otra mitad es el abandono total por parte de quienes deberían garantizar la seguridad. Vanesa, la madre del joven agredido, denunció una situación aberrante: «Ni los patovicas ni los policías que estaban en el lugar lo asistieron ni llamaron a una ambulancia».

Con el maxilar fracturado y el rostro desfigurado, Agustín tuvo que levantarse como pudo y volver a su casa ayudado únicamente por su novia y sus amigos. Llegó a las 7:30 de la mañana, se acostó adolorido y recién el domingo, al ver la gravedad de las heridas, sus padres lo llevaron de urgencia a una guardia.

Hoy, el agresor está identificado y la denuncia fue radicada en la Oficina Fiscal N° 10 de Maipú. Sin embargo, la bronca en la calle es innegable. Las cámaras graban, los testigos filman y los padres denuncian, pero el Estado sigue dejando la noche liberada a los violentos. ¿Cuántos pibes más tienen que terminar en un quirófano —o peor— para que la Policía y los dueños de los boliches se hagan cargo de la seguridad de una buena vez?