Método cerrojo: la trampa policial contra motoqueros que reabre el debate sobre cómo frenar las caravanas

Las caravanas de motos adueñándose de las calles y manejando de forma temeraria son una postal que los mendocinos conocemos de memoria. El ruido, el peligro y la impunidad con la que se manejan estos grupos generan un hartazgo generalizado. Pero, ¿hasta dónde debe llegar el accionar policial para detenerlos? Un impactante operativo realizado en la provincia de Chaco se volvió viral y encendió la polémica: para frenar a una horda de «wileros», la policía les cerró el paso de golpe con vallas, provocando un choque en cadena, heridos y un caos total.

El hecho ocurrió durante la madrugada en la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña. Según las imágenes y los reportes oficiales, un grupo de entre 30 y 50 motociclistas venía realizando destrezas a alta velocidad. La estrategia de las autoridades fue armar un «operativo cerrojo»: cuando las motos avanzaban, les bloquearon sorpresivamente la calle por delante y por detrás con vallas metálicas.

¿Solución o negligencia? El resultado del operativo fue digno de una película de acción, pero con consecuencias reales. Al encontrarse con la calle bloqueada y sin tiempo de frenar, cerca de 30 motos impactaron de lleno contra las vallas. En medio de la desesperación por escapar y las motos cayendo al piso, la barrera voló por los aires y terminó golpeando brutalmente a un inspector de tránsito, Hugo Roberto Vallejos, quien sufrió un traumatismo de cráneo y debió ser hospitalizado.

El saldo oficial del violento embudo fue de 5 detenidos (cuatro de ellos menores de edad), 14 motos retenidas y el principal cabecilla —un reincidente a bordo de una Honda Tornado 250cc— identificado y prófugo tras abandonar su vehículo.

Las imágenes abren un debate urgente que nos toca de cerca en Mendoza, donde estas caravanas también siembran el pánico. Por un lado, la sociedad exige que se ponga mano dura contra estos conductores que arriesgan la vida de terceros. Por el otro, la táctica de arrojar vallas frente a vehículos a toda velocidad parece una ruleta rusa que pone en riesgo tanto a los propios policías como a los motociclistas. El remedio, en este caso, casi termina siendo una tragedia peor que la enfermedad.