
Una tragedia se evitó por centímetros en un hecho que mezcla imprudencia al volante y una peligrosa costumbre barrial. Un conductor en estado de ebriedad perdió el control de su camioneta y embistió de lleno contra una pileta de lona que estaba instalada en plena vía pública.
El episodio generó terror porque, al momento del impacto, había un niño jugando dentro del agua. Afortunadamente, y casi de milagro, el menor no sufrió lesiones físicas, aunque el susto fue tal que quedó en estado de shock.
«No tengo patio» La dueña de la pileta y abuela del menor salió al cruce de las críticas por tener la estructura armada en la calle, por donde circulan vehículos. La mujer explicó que su vivienda es precaria y no cuenta con espacio físico interno ni patio para que los chicos puedan refrescarse. «La puse en la calle porque no tengo lugar» argumentó, exponiendo una realidad que se repite en muchos barrios populares.
Terror en el barrio Más allá de la infracción de ocupar la calzada, la responsabilidad mayor recae sobre el conductor de la camioneta, quien manejaba alcoholizado y sin control del vehículo. El impacto psicológico en los niños fue inmediato. Según relató la familia, los chicos quedaron aterrorizados tras ver cómo la camioneta se les venía encima. «Uno de ellos no quería volver a su casa del miedo que tenía», confesaron.
Un hecho que pudo terminar en muerte y que reabre el debate sobre la seguridad vial y los límites del espacio público en los barrios.