
En un nuevo capítulo de compras polémicas, el ministro de Defensa Luis Petri decidió adquirir 27 blindados Stryker a Estados Unidos por 100 millones de dólares, ignorando la propuesta de Brasil que ofrecía vehículos similares, nuevos y USD 32 millones más baratos, además de mayor integración regional y desarrollo de la industria nacional.
El anuncio lo hizo Petri con bombos y platillos desde el Pentágono, junto al secretario de Defensa norteamericano Pete Hegseth, celebrando un supuesto “paso firme” hacia la “defensa de la libertad”. Sin embargo, fuentes del Ejército Argentino revelaron su descontento, ya que la opción de los blindados Guaraní brasileños contaba con amplio consenso técnico: son interoperables con Brasil, usan motorización argentina de Iveco y garantizan mantenimiento local, más barato y sin dependencia externa.
En contraste, los Stryker que llegarán de EE.UU. no son anfibios, no pueden vadear ríos, vienen usados —rechazados antes por Chile—, tienen ciclo de vida útil más corto y mayor costo de mantenimiento, además de limitar la cantidad de unidades a adquirir. La propuesta de Brasil incluía 161 vehículos por 400 millones, es decir, cada unidad costaba 2,5 millones de dólares, contra los 3,7 millones que se paga por cada Stryker.
“El Ejército nunca los pidió. Se trabajó mucho para priorizar la industria local, pero la decisión terminó siendo puramente geopolítica: un guiño a EE.UU. que relega a la industria nacional y al Mercosur”, explicó una alta fuente militar.
A eso se suma que la compra se suma a la alineación total con Washington en Defensa, tras la compra de los aviones F-16 y la búsqueda de adhesión a la OTAN, sin debate interno sobre soberanía tecnológica ni transferencia de conocimiento real.
Mientras tanto, talleres locales y plantas de Iveco pierden la oportunidad de mantener, adaptar y producir componentes, y la economía regional se queda fuera de una inversión multimillonaria que podría haber generado empleo y desarrollo.