
El Gobierno de Javier Milei pisa el acelerador para cerrar el año con una nueva reforma laboral bajo el brazo. En la mesa de negociación, el oficialismo y el sector empresario avanzan en un borrador que promete «modernizar» las leyes, pero que ya encendió todas las alarmas en la CGT por lo que consideran un recorte de derechos históricos.
Los puntos que se están cocinando son sensibles y afectan el día a día de cualquier trabajador:
- Vacaciones «a la carta» (pero con letra chica): Se propone que las vacaciones se puedan fraccionar, con un mínimo de una semana. Pero atención al detalle: se garantiza que el trabajador pueda tomarse vacaciones en verano (temporada alta) solo una vez cada tres años. El resto, a negociar.
- Enfermarse costará más: El nuevo esquema de licencias por enfermedad o accidente inculpable propone que el empleador pague una prestación no remunerativa equivalente al 80% del sueldo neto, y no el 100% como es habitual en muchos casos.
- Indemnizaciones con tope: Quizás el punto más conflictivo. Se redefine el cálculo para despedir a un empleado: se excluye el aguinaldo y otros conceptos no mensuales de la cuenta, y se fijan «topes» definidos por el Ministerio de Capital Humano.
El objetivo del Gobierno es enviar este paquete al Congreso antes de fin de año. Mientras los empresarios celebran la «flexibilidad», los sindicatos advierten que no acompañarán un proyecto que toca el bolsillo y el descanso de los trabajadores.