Vialidad Nacional adjudicó $2.500 millones al sobrino de Martín Menem para el desmalezado de rutas
La Dirección Nacional de Vialidad adjudicó y renovó un contrato millonario a Alan Pocovi, sobrino de Martín Menem, a través de una firma creada a fines de 2023 con un capital mínimo de $15 millones. La polémica designación de Marcelo Campoy, un funcionario de la era del ’90, y las denuncias por el abandono de la calzada asfáltica en el interior del país.
Un severo escándalo de presunta corrupción y desvío de fondos públicos sacude los cimientos del discurso de austeridad del Gobierno nacional. Una investigación sobre los registros de la Dirección Nacional de Vialidad (DNV) dejó al descubierto que Alan Pocovi, medio sobrino del actual presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, fue beneficiado con contratos estatales que ascienden a la suma de $2.548 millones de pesos destinados supuestamente al desmalezamiento de rutas nacionales. La cifra equivale a un desembolso diario superior a los $7 millones de pesos.
Lo que despierta las principales sospechas de fraude administrativo dentro del sector civil es la estructura de la empresa beneficiada. Pocovi fundó la constructora en octubre de 2023, apenas semanas antes del cambio de gestión presidencial, declarando un capital inicial de tan solo $15 millones de pesos. Sin experiencia previa en el mantenimiento de infraestructura vial de gran escala ni parque automotor declarado para tal fin, la firma obtuvo de manera veloz la licitación millonaria y una posterior renovación contractual por el mismo monto original.
El retorno de los nombres de los ’90 y comitivas fantasmas
La firma del contrato lleva la rúbrica del actual director de Vialidad Nacional, Marcelo Campoy. El nombramiento de este funcionario no es un dato menor en el entramado político: Campoy ya había ocupado exactamente el mismo cargo jerárquico en el año 1999, durante las postrimerías de la presidencia de Carlos Saúl Menem. El retorno de segundas y terceras líneas del menemismo histórico a puestos clave donde se definen las partidas presupuestarias del transporte genera un fuerte recelo en los organismos de control de la obra pública.
A esto se suma la ramificación familiar de los privilegios. Kevin Pocovi, hermano del adjudicatario, formó parte recientemente del viaje de apoyo presidencial a la residencia de Mar-A-Lago en Estados Unidos, donde se fotografió junto al mandatario Javier Milei y Donald Trump. Ante los requerimientos formales de la prensa de Buenos Aires, desde la Casa Rosada se limitaron a emitir una escueta respuesta afirmando que el joven “no formó parte de la comitiva oficial”, omitiendo explicar los mecanismos de financiamiento y acceso a los círculos íntimos del poder de un ciudadano sin cargo público.
Rutas rotas con el pasto corto: El contraste del interior
Más allá de las ramificaciones del clan riojano, el verdadero malestar de los usuarios viales se concentra en las banquinas de las rutas federales. Mientras las planillas estatales demuestran que el Estado nacional eroga fortunas diarias en el “desmalezamiento” y mantenimiento estético, el estado de la carpeta asfáltica en gran parte del interior del país, incluida la región de Cuyo, roza el colapso.
Conductores y transportistas denuncian de manera sistemática que las calzadas nacionales presentan pozos históricos, falta de señalización horizontal, grietas profundas y deficiencias estructurales que causan siniestros fatales de forma diaria. La paradoja de la obra pública de la gestión actual queda expuesta de forma cruda: los recursos del Estado se destinan a contratos millonarios de desmalezado para familiares del poder, mientras el asfalto por donde circulan la producción y los ciudadanos se cae a pedazos.