
Ir a cargar combustible en Mendoza dejó de ser un simple dolor de cabeza para convertirse directamente en una tomada de pelo. Este viernes, en lo que ya parece ser la trágica modalidad del «aumento diario», los surtidores de YPF volvieron a amanecer remarcados, quebrando la barrera psicológica de los $2.000 para el litro de Súper. Pero lo que más indigna a esta altura no es solo el golpe letal al bolsillo, sino el relato oficial que usan para intentar justificar lo injustificable.
Frente al estallido de bronca de los conductores que ven cómo su sueldo se evapora en el tanque, el presidente de la compañía, Horacio Marín, salió a dar explicaciones que rozan la provocación. Desmintió rotundamente que la nafta haya aumentado un 20% en marzo y tuvo la osadía de afirmar que en YPF tienen un «compromiso honesto y moral con nuestros clientes». Sí, leyó bien: le hablan de moralidad mientras le vacían la billetera día por medio.
«Ajustes transitorios» y salarios estancados Según el directivo, este nuevo tarifazo no tiene fines especulativos, sino que es apenas una medida «transitoria» para cubrir los mayores costos de refinación al comprar crudo a terceros. Para rematarla, comparó nuestra situación con la internacional, asegurando que afuera los aumentos son «al menos tres veces mayores». Lo que Marín olvida convenientemente desde su despacho es que los salarios de los mendocinos no se cobran en dólares, ni se actualizan a diario como las pizarras de sus estaciones de servicio.
Más allá de las desmentidas y las frases armadas para la tribuna, la realidad pura y dura que golpea a los trabajadores, transportistas y comerciantes es lapidaria: en apenas una semana, la Súper saltó de $1.727 a superar los dos mil pesos.
Así quedaron los nuevos precios, cada vez más inalcanzables, en la provincia:
- Nafta Súper: $2.002
- Infinia (Premium): $2.192
- Diesel (Infinia): $2.219
- Diesel (Ultra/Común): $2.141
Mientras el Gobierno y las petroleras intentan convencer a la gente de que los están cuidando, el relato se estrella de frente contra los surtidores. Llenar el tanque ya es un privilegio para muy pocos.