Vuelve a la Argentina la abogada racista que zafó de la cárcel y le pidió perdón a las «supuestas» víctimas.

El escándalo de la abogada argentina detenida en Brasil por insultos racistas terminó con un fallo que tiene gusto a burla. Agostina Páez, quien protagonizó un repudiable episodio de injuria racial, logró esquivar las celdas brasileñas: la Justicia de aquel país le redujo los cargos, le fijó una pena mínima de dos años y le permitió volver a Argentina para cumplirla haciendo «servicios comunitarios» y pagando una reparación económica. Sin embargo, lo que más indigna no es la levedad de la condena, sino el nivel de cinismo de la victimaria.

Tras la audiencia en el Tribunal Penal N° 37, donde supuestamente se mostró arrepentida para conseguir el beneficio, Páez lanzó una serie de declaraciones que rozan la provocación. «Al juez le dije la verdad en todo momento. He pedido perdón a las supuestas víctimas», disparó. ¿Supuestas? La abogada acaba de ser condenada tras probarse el delito continuado contra tres personas, pero su soberbia sigue intacta, minimizando el daño causado e invalidando a quienes sufrieron sus agresiones.

El colmo: de agresora racista a «guía» espiritual Lejos de llamarse a un silencio prudente tras haber protagonizado «la peor experiencia de su vida» (según sus propias palabras), Páez redobló la apuesta y avisó que, una vez que pise Santiago del Estero, planea involucrarse profesionalmente en el tema. «Tengo pensado hablar de esto… hablar sobre racismo y guiar a otras personas que pasen por esto», adelantó.

El nivel de desconexión con la realidad es total. Una persona condenada internacionalmente por racismo ahora pretende convertirse en una especie de «gurú» para guiar a otros agresores que «pasen por esto», poniéndose a sí misma en el lugar de víctima de las circunstancias. Mientras tanto, el sistema judicial vuelve a demostrar que con un buen abogado, unas lágrimas frente al juez y una billetera para pagar reparaciones, los peores comportamientos quedan reducidos a una simple anécdota y unas horitas de tareas comunitarias.