Mendoza rebalsada: no se podrán conectar a las cloacas por dos años
Sergio Marinelli admitió la gravedad de la saturación del sistema troncal de la cuenca Paramillos, que registra desbordes activos. La falta de previsión e inversión estatal congela el desarrollo urbano de Guaymallén, Godoy Cruz, Maipú y Luján de Cuyo. El freno a las factibilidades expone las falencias de AYSAM y el vacío que dejó la disolución del EPAS.
La admisión pública de la crisis a veces llega con la misma parsimonia con la que se postergan las obras esenciales. El superintendente del Departamento General de Irrigación, Sergio Marinelli, ratificó una de las noticias más preocupantes de los últimos tiempos para el Gran Mendoza: la suspensión total para otorgar nuevas conexiones cloacales en cuatro departamentos clave de la provincia se extenderá por un plazo mínimo de dos años. La medida, que frena de cuajo el crecimiento inmobiliario y el acceso a la dignidad sanitaria básica, es el resultado directo de una profunda falta de planificación, años de desinversión en infraestructura y parches administrativos que terminaron por saturar las cloacas máximas.
El freno de mano dictado por Irrigación rige de forma inmediata para nuevas construcciones y emprendimientos ubicados en las comunas de Luján de Cuyo, Maipú, Guaymallén y la zona este de Godoy Cruz. Según se desprende del informe técnico que dio origen a la resolución, el sistema troncal encargado de recibir y transportar los desechos hacia las plantas de tratamiento se encuentra en un estado de estrés crítico, registrando desbordes activos de líquidos crudos y fallas de infraestructura que ponen en riesgo inminente la continuidad del servicio para los usuarios actuales.
Sinceramiento tardío y el freno a los municipios
En declaraciones radiales, el propio Marinelli apeló a un crudo sinceramiento al afirmar que “si le seguimos echando más líquido, agrandamos el problema”. La resolución le prohíbe taxativamente a la empresa estatal Agua y Saneamiento Mendoza (AYSAM) emitir certificados de factibilidad técnica hasta que se demuestre fehacientemente que las tuberías troncales de la cuenca Paramillos puedan soportar nuevos caudales.
La crisis salpica también de lleno a las gestiones municipales de Luján de Cuyo y Maipú, comunas que operan de forma autónoma sus propios servicios sanitarios pero que, inevitablemente, deben volcar sus líquidos crudos al sistema interconectado de AYSAM. A partir de ahora, la provincia les ha “sacado la llave” de la autonomía inmobiliaria: ningún barrio, complejo de departamentos o comercio de estas comunas podrá recibir habilitación cloacal sin el visto bueno de la saturada prestataria provincial. El desarrollo urbano del motor económico de la provincia queda, de este modo, legalmente paralizado hasta el año 2028.
La herencia de la disolución del EPAS y las obras que no llegan
La justificación oficial detrás del retraso de dos años radica en los tiempos requeridos para finalizar la construcción del denominado Segundo Colector Colonia (actualmente en etapas iniciales) y aliviar el colapso de la cloaca máxima. Sin embargo, el titular de Irrigación reconoció que esta drástica decisión preventiva de cerrar las conexiones “podría haberse tomado mucho antes” para evitar el colapso actual.
El funcionario intentó deslindar responsabilidades apuntando al descalabro institucional provocado por la disolución del Ente Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS) en septiembre de 2024. Tras el desmantelamiento de dicho órgano de control por parte del Ejecutivo, las potestades regulatorias de saneamiento de la provincia quedaron en un limbo técnico hasta que fueron absorbidas recientemente por Irrigación, que debutó en el área firmando un nuevo reglamento de operadores mientras el Gran Mendoza rebalsa de efluentes. La parálisis de dos años que hoy sufren los mendocinos es el costo de un Estado que reacciona sobre la emergencia consumada y no sobre la previsión del crecimiento demográfico.